En todas las cosas bellas, ella, dejó un poco de magia.
Y yo, que era algo más feo, de lejos, la contemplé.
¿Cómo se siente el ser Dios?
¿El perder cada uno de los miedos
y que al regresar olvides toda sensación?
El sabor cayendo gota a gota
y las barbas envejeciendo vello a vello
y la felicidad naciendo gramo a gramo
como si recuperaramos nuestra alma.
No existe metáfora para su figura,
por eso todo lo que toca
se convierte en un poema.
Por eso, todo lo que toca,
se convierte en poesía.
Y como la poesía, está en todas partes.
En todos los versos.
¿Lo notas?
Como el fluir del tiempo discurriendo de tu garganta hasta tus pupilas,
la marea revuelta de tus pensamientos quebrando en estallidos,
el páramo de mis pálabras desgarrando mi pecho,
el transgredir de las salvajes mariposas,
el acallado baile de mis pies,
el crujir del cielo,
el silencio.
Sin tu lengua, maga,
no hablaría la música.
Sin tus labios, maga,
no tendría voz la libertad.
Sin tus pechos, maga,
no dormirían los sueños.
Sin tu corazón, maga,
no creería la justicia.
Sin tu vientre, maga,
no perdería la calma.
Sin tus piernas, maga,
no bailaría el mundo.
Sin ti, maga,
no habría poetas.
Quizás no era tanto, pero era un tonto, y ella un templo.
Quizás no era bello, pero era ciego, y ella un cielo.
Quizás no era yo, pero era Dios, y te creí.
Si el mundo se arrodilla ante Dios,
Dios se arrodilla ante ella,
como una orquesta.
La batuta alzándose indica el ritmo de mis latidos,
el de mi muerta piel,
el de mis oídos sordos que ahora,
tras años dormidos,
ignoran la melodía que brota del saxo, del piano, de la guitarra, del contrabajo, de la viola...
y yo mudo,
tú sombra brillante cantando hace de mi ciego recuerdo
el cuento más hermoso,
que un analfabeto jamás podrá saborear.
Esa cintura,
la que te arrebata todos los sentidos,
es la que misma que te contará al oído, a oscuras, en qué consiste la vida,
pero ya no recuerdas qué recuerdan las cosas.
Solo a ella.
Solo a la maga,
como el lamer del amanecer,
brilla,
y abrasa.
Y cuando cruce la acera
en cada uno de tus sentidos la tendrás grabada,
la campanadas serán su eco,
para siempre.
Esa sonrisa de felicidad jamás podrá abandonarte.
En todas las cosas bellas, ella, dejó un poco de magia.
Y tú, que eres algo más feo, de lejos, la contemplaste.
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miércoles, 12 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
Exaltación del miserable.
Grandioso miserable.
Escribes cartas de amor escondidas a lo más brillante de ti mismo,
a aquello que se ahoga en el clamor profundo de tu reflejo,
y te duele, y la ignorancia plausible te apaga,
hasta que recoges los gritos pendidos de los dedos,
la agotable saliva de las pupilas,
ignorando si eres el que está al otro lado del espejo
o a este lado del espejo
o si eres el espejo
o si quieres romperlo en mil pedazos
y en tu mente se dibuja la ciudad que jamás será tuya.
Grandioso miserable.
Te sientes hundido,
callado,
enmohecido.
Las manos no son para ti.
No es para ti el calor en invierno ni el frío en verano.
Las cicatrices se verían de verdad si alguien echara un vistazo más allá de tu alma.
Pero todos odian tu alma,
porque tú odias tu alma,
porque deberían odiarla, ¿no?
Tu alma.
Tu arma.
Tú.
Grandioso miserable.
Claro que hablas.
Y resulta que para ti el cielo es de un color diferente,
como el marrón de sus ojos,
que no es marrón,
pero es marrón para el resto,
y es como amor para ti,
porque tú lo ves con la colera de la pasión,
y escribes,
porque resulta que el cielo es de un color diferente,
y claro que hablas,
porque eres un grandioso miserable.
Grandioso miserable,
un día más,
siendo un grandioso miserable,
amparado en las luces automáticas de alguna discoteca triste,
anclado en una foto que no te corresponde,
suspirando
suspirando,
suspira,
grandioso miserable,
un día más.
Grandioso miserable.
Suspira tranquilo.
Ya pasó la tempestad.
Ya está aquí la memoria
para recordarte que fuiste feliz
que pudiste cantar
que pudiste hacer de tu vida un musical
que dejaste de llorar ayer
con ese segundo que se escapó de tu boca
y que si mueres
solo si mueres
solo si mueres, solo,
si mueres, solo,
si solo mueres,
lo que te hizo grandioso, miserable, morirá.
Grandioso miserable,
un secreto te contaré,
eso que late es tu vida
eso que brilla es tu vida.
Qué importa de qué color sean las estrellas
si las puedes dibujar,
qué importa qué lejos pueda estar el cielo,
si lo podemos acercar,
qué importa lo veloces que sean los pájaros,
si los podemos alcanzar.
Grandioso miserable,
no te vuelvas pequeño.
Vuelve.
Eso que grita es un héroe.
Y eso que grita tanto eres tú.
Eso de luchar es de ser un hombre.
De ser un campeón.
Sé un niño
sé un hombre
sé Dios.
Lejos de cada lágrima
se encuentra lo que quieres ver
ese espíritu de lucha
y en la lucha
gritaré.
Apagado,
cerca de mí,
se encuentra lo que quiero ser,
un poeta
un miserable
un campeón de palabras impronunciables
el salvador de cada sombra
de aquellas mañanas sin sol
y aún sin sol
amaneceré.
Amanecerás.
A donde vas miserable
no te olvides de gritar
sigue luchando por ti
por mí
y por Dios.
Olvidate de lo imposible
eso jamás nos ocurrió
y por muchos amores que se vayan
simplemente
diles adiós.
Oh, miserable, miserable,
no te rindas
sigues estando ahí
date la vuelta y lucha
solo por amor
solo por ti
solo
para acabar siendo el vencedor.
Grita.
Grita pequeño miserable.
Sal de casa.
Usa tus piernas para volar.
Grita otra vez.
Grita.
Alza el rifle.
¡Tú eres el rifle!
Esa mirada es el rifle.
Alzate, miserable,
porque puedes
porque puedo
porque podemos.
Porque somos unos miserable.
Unos grandiosos miserables.
Porque rompemos puertas con nuestras intenciones,
y cambiamos vidas con nuestra presencia
porque escribimos
porque decimos en voz baja
a nuestra alta conciencia,
que ya iba siendo hora
de que salieran los pájaros y cantaran lo que llevamos toda la vida soñando.
Alza el rifle
Tú eres el rifle
Alzate, miserable
porque puedes
porque puedo
porque podemos
porque debemos.
Porque somos únicos
porque sonreímos
porque lloramos.
Porque allá donde miro
cualquiera puede ser un rey
y somos cualquiera.
Porque mañana descubriremos que es lo que Dios nos tiene preparado,
y lo esperaremos como héroes.
Como Grandiosos Héroes.
Como Grandiosos Miserables.
Escribes cartas de amor escondidas a lo más brillante de ti mismo,
a aquello que se ahoga en el clamor profundo de tu reflejo,
y te duele, y la ignorancia plausible te apaga,
hasta que recoges los gritos pendidos de los dedos,
la agotable saliva de las pupilas,
ignorando si eres el que está al otro lado del espejo
o a este lado del espejo
o si eres el espejo
o si quieres romperlo en mil pedazos
y en tu mente se dibuja la ciudad que jamás será tuya.
Grandioso miserable.
Te sientes hundido,
callado,
enmohecido.
Las manos no son para ti.
No es para ti el calor en invierno ni el frío en verano.
Las cicatrices se verían de verdad si alguien echara un vistazo más allá de tu alma.
Pero todos odian tu alma,
porque tú odias tu alma,
porque deberían odiarla, ¿no?
Tu alma.
Tu arma.
Tú.
Grandioso miserable.
Claro que hablas.
Y resulta que para ti el cielo es de un color diferente,
como el marrón de sus ojos,
que no es marrón,
pero es marrón para el resto,
y es como amor para ti,
porque tú lo ves con la colera de la pasión,
y escribes,
porque resulta que el cielo es de un color diferente,
y claro que hablas,
porque eres un grandioso miserable.
Grandioso miserable,
un día más,
siendo un grandioso miserable,
amparado en las luces automáticas de alguna discoteca triste,
anclado en una foto que no te corresponde,
suspirando
suspirando,
suspira,
grandioso miserable,
un día más.
Grandioso miserable.
Suspira tranquilo.
Ya pasó la tempestad.
Ya está aquí la memoria
para recordarte que fuiste feliz
que pudiste cantar
que pudiste hacer de tu vida un musical
que dejaste de llorar ayer
con ese segundo que se escapó de tu boca
y que si mueres
solo si mueres
solo si mueres, solo,
si mueres, solo,
si solo mueres,
lo que te hizo grandioso, miserable, morirá.
Grandioso miserable,
un secreto te contaré,
eso que late es tu vida
eso que brilla es tu vida.
Qué importa de qué color sean las estrellas
si las puedes dibujar,
qué importa qué lejos pueda estar el cielo,
si lo podemos acercar,
qué importa lo veloces que sean los pájaros,
si los podemos alcanzar.
Grandioso miserable,
no te vuelvas pequeño.
Vuelve.
Eso que grita es un héroe.
Y eso que grita tanto eres tú.
Eso de luchar es de ser un hombre.
De ser un campeón.
Sé un niño
sé un hombre
sé Dios.
Lejos de cada lágrima
se encuentra lo que quieres ver
ese espíritu de lucha
y en la lucha
gritaré.
Apagado,
cerca de mí,
se encuentra lo que quiero ser,
un poeta
un miserable
un campeón de palabras impronunciables
el salvador de cada sombra
de aquellas mañanas sin sol
y aún sin sol
amaneceré.
Amanecerás.
A donde vas miserable
no te olvides de gritar
sigue luchando por ti
por mí
y por Dios.
Olvidate de lo imposible
eso jamás nos ocurrió
y por muchos amores que se vayan
simplemente
diles adiós.
Oh, miserable, miserable,
no te rindas
sigues estando ahí
date la vuelta y lucha
solo por amor
solo por ti
solo
para acabar siendo el vencedor.
Grita.
Grita pequeño miserable.
Sal de casa.
Usa tus piernas para volar.
Grita otra vez.
Grita.
Alza el rifle.
¡Tú eres el rifle!
Esa mirada es el rifle.
Alzate, miserable,
porque puedes
porque puedo
porque podemos.
Porque somos unos miserable.
Unos grandiosos miserables.
Porque rompemos puertas con nuestras intenciones,
y cambiamos vidas con nuestra presencia
porque escribimos
porque decimos en voz baja
a nuestra alta conciencia,
que ya iba siendo hora
de que salieran los pájaros y cantaran lo que llevamos toda la vida soñando.
Alza el rifle
Tú eres el rifle
Alzate, miserable
porque puedes
porque puedo
porque podemos
porque debemos.
Porque somos únicos
porque sonreímos
porque lloramos.
Porque allá donde miro
cualquiera puede ser un rey
y somos cualquiera.
Porque mañana descubriremos que es lo que Dios nos tiene preparado,
y lo esperaremos como héroes.
Como Grandiosos Héroes.
Como Grandiosos Miserables.
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