viernes, 12 de agosto de 2011

Y así es como se inventaron los ositos de peluche.

Esto era una niña cabezota,
una niña dulce y cabezota,
que estaba mala en la cama,
pero apenas se quejaba.

Esto era un oso valiente,
un oso caprichoso y valiente,
que estaba al otro lado del mundo.

El oso quería mimarla,
la niña seguía callada.

El oso, claro, era un oso,
y no podía viajar para cuidarla.
Además de que su hogar,
por ahora,
estaba allí,
en los bosques salvajes.

Un día,
mientras la niña seguía mala,
el oso encontró una anciana,
tejiendo algo.

"Es una muñeca de trapo,
para mi querida nieta,
para cuando se sienta inquieta,
le puede dar un abrazo"

Entonces,
el oso que no podía irse,
se le ocurrió una idea.

"¿Podría enseñarme anciana,
a tejer un oso de trapo
para un niña dulce y mala
a la que quiero dar un abrazo?"

La anciana enseñó al oso,
y el oso envió a la niña,
un osito de peluche,
para cuando estuviera mala,
volviera su sonrisa,
al estrujarlo entre sus brazos.

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