lunes, 12 de marzo de 2012

Infancia.

Un globito de chicle flotando por encima de su cabecita. Sin querer, estira los dedos, moviendo la marioneta. Vestido cortito. Largo cabello recogido. La boca manchada de chocolate. Y el globito, suspendido, presenciándolo todo.
Ella es tan pequeña, que si alza el rostro, solo se refleja la esfera dulce en el espejo. Estira la otra mano, de dedos diminutos, y si la toca la piel se pega, se funde, y sabe a caballitos, a tierra, a raspadura en las rodillas con su llanto.
Pero el hilo que las une, el hilillo fino, el día que aparezca su frente, se deshojará.

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