sábado, 25 de febrero de 2012

Una mano

 Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Galeano.


Tengo una mano viviendo en mi estómago,
una mano que aprieta mi garganta y surge
una mano abierta como de recién nacido,
llora sin la mano que busca, por la que nace.

Una mano que alcanza no alcanzar nada
una mano que es una garra y se retuerce sólo.
Una mano que vive y muere dejando una huella
la huella de la mano que busca y tanto siente.

Una mano que se apoya cansada en la estela,
en un folio en blanco, alimento de la mano,
en donde graba de la mano su otro nombre,

que no es ni mano, ni hambre, ni hombre,
sino muerte cuya caricia brindará a la mano
mano que de la ceniza germinará el poema.

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